
La electrónica triste de Lavalle se fusiona con la voz del maestro Kozelek. Un experimento arriesgado que no desfallece. Toda una actividad sonora que nos libera de las propias reflexiones sobre los misterios de la vida, nos aleja de las sombras. Y es un disco lleno de sombras que gravita en la profundidad de Lavalle. Pop de composiciones minimalistas, estribillos brillantes, imaginativos. Belleza desde las alturas. Kozelek con sus centelleos de melancolía.
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